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domingo, 7 de febrero de 2010

EL MONTCAU Y LA MOLA

Después de tantos días de lluvia y cielo gris, luce por fin el sol, el aire está limpio y claro, eso sí, sopla un vientecito moderado que si te pilla en la sombra te hiela los huesos.
Ante tal panorama meteorológico decido salir a la montaña a estirar las piernas, que buena falta hace, y heme aquí con mi hijo Aleix y una pareja de amigos, Peggy y Pepe, que ponemos “rumbo” al Parque Natural de Sant Llorenç del Munt. Al final planteo hacer un ruta senderista de lo más popular y clásica donde las haya, subir al Montcau (1.056m), descender y seguir hacia La Mola (1.104m).
No era difícil de prever que además de ser una clásica ruta el buen día que reinaba daría pie a cantidad de gente a realizar la caminata, aunque la mayoría hacía sólo la ascensión a La Mola.
Algo más de cuatro horas, andando por caminos rodeados de encinas, que nos resguardaban del viento gélido que soplaba, pero cuando se abría el bosque las orejas eran las primeras en notarlo, heladitas se quedaban, pero el paisaje que se nos mostraba en esos claros valía la pena.

Inicio de la ruta, desde el Coll d'Estenalles
El Montcau

Vistas subiendo


Arriba en el Montcau
Descendiendo, al fondo La Mola









Llegando a La Mola
Ya estamos arriba


En la cumbre nos encontramos con el Monasterio Benedictino de Sant Llorenç
Vista del Montcau con el Cadí al fondo
Vista de Montserrat
De vuelta al punto de partida

Caretos

Al pie del Montcau

Terminamos el día en casa de mis amigos, degustando una exquisita paella de pollo que nos elabora Peggy, buena buena de verdad.

Y hasta aquí el relato de esta salida, que sin grandes pretensiones nos amenizó el sábado la mar de bien. Saludos.

domingo, 2 de noviembre de 2008

LA CAJA

Haciendo un poco de limpieza estos días en mi estudio, tropecé con una caja que me llamó la atención, al abrirla, resultó que ésta guardaba un preciado tesoro de mi juventud, fotografías y diapositivas de mi época montañera.
Recuerdo que empecé haciendo espeleología, metido por cuevas y avencs (simas) y siempre pringado de barro. Al tiempo, poco, me di cuenta que estar siempre bajo tierra y encerrado en la oscuridad no era lo mio, aunque reconozco haber visto maravillas escondidas en la tierra.
Necesitaba el espacio, el sol y la luz, sentir el aire en la cara, alargar la vista y regalarle paisajes. Afortunadamente y hasta el dia de hoy, nunca he padecido de vértigo, con lo cual, mi alma, mi mente y mi cuerpo agradecieron que al final dedicara más de 15 años a la montaña y concretamente a la escalada.
En aquella época, y hablo ya de varios años atrás, no disponíamos de vehículo propio, con lo que la mayoría, por no decir todos, íbamos en transporte público, el tren. Lo más cerca de Barcelona era Montserrat, ahí fui durante varios años, hasta que volví de la mili (tranquilos que no hablaré de ello), con la ayuda de un amigo que me prestó quince mil pesetas de la época, pude dar la entrada para un coche, un Dyanne 6, para gente encantadora, decía el anuncio, jeje, no haré comentarios. A partir de entonces ya pudimos movernos con mayor libertad, sobre todo prescindiendo de horarios, por otras zonas de montaña.
Y como quiera que estoy a punto de celebrar mi 51 aniversario, he decidido hacerme un regalo, RECUERDOS de MONTAÑA. No voy a entrar en el tópico de “cualquier tiempo pasado fue mejor”, ni mucho menos!!!, cada momento de de la vida tiene su historia y hay que saber valorar en su justa medida las sensaciones que obtuvimos de ella.
Y como una imagen vale más que mil palabras, aquí dejo alguna muestra de ello y haciendo clic en las fotos, las vereis a mayor tamaño.
Advertir a los que ya me conocen, que el pelo de la cabeza y la barba en la cara, eran auténticos.